El Brandy de Jerez, solo.
Para disfrutar plenamente de una copa de Brandy, es importante que tratemos de preservar al máximo sus dos cualidades más características: el sabor y el aroma.
En la degustación del Brandy intervienen activamente cuatro de los cinco sentidos: el gusto al paladearlo, la vista al contemplar su bello color y su limpidez, el olfato por el que percibimos sus sutiles aromas y el tacto que nos dará, en la boca, la suavidad y cuerpo y, en los dedos, las frescura y finura del cristal.
Para gozar con plenitud de todas estas sensaciones, debemos dejar el brandy reposar en la copa un buen rato. Al comunicar al brandy el calor de nuestra mano a través del cristal, lograremos su temperatura ideal, y al agitarlo levemente podremos percibir limpiamente todos sus aromas en lo que denominamos la “primera nariz”. Si lo dejamos reposar cinco minutos y lo volvemos a agitar suavemente antes de volver a olerlo, estará listo para darnos un aroma más estable y redondo en lo que denominamos la “segunda nariz”
La copa ideal para percibir los aromas, color, limpidez y sabor del brandy es la bodeguera de Jerez (catavino). A falta de ésta, se recomienda una copa balón. En cualquier caso, debe ser de cristal fino y forma adaptable a la mano.
Al servirlo, la cantidad no debe sobrepasar un tercio de la capacidad de la copa. Si se trata de una copa balón, la cantidad debe ser tal que, al colocarla horizontalmente, el brandy no se derrame. Y siempre se debe servir con la copa sobre la mesa o cogida con tres dedos por la peana, próxima al mantel y siempre a la vista del que va a beberla.
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